"Black Box", un secreto persa
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Actualizado:
04/06/2011 07:34 GMT
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Por: María Poumier.

Se acaba de presentar en París el largo metraje "Black Box", fruto de una convergencia entre el investigador francés Thierry Meyssan y Mohammedreza Eslamloo, realizador iraní. La sala era pequeña, y el público que concurrió, avisado a último minuto por las redes del correo informático, es un público muy convencido de antemano por la labor investigativa de Thierry Meyssan, que se nos aparece como uno de los pocos héroes del pensamiento francés contemporáneos.

Arranca el film con la llegada de Thierry, actuando su propio personaje público, inerme y delgado, con un simple maletín al hombro, como es, al aeropuerto de Teherán, de madrugada, en lo oscuro. Lo espera el realizador Eslamloo, que maneja un estruendoso carro nuevo, de cuatro potentes ruedas motrices, y se lo lleva a la frontera afgana, para empezar, y hasta Arabia, al final. Los teléfonos celulares los acompañan, son los primeros testigos del encuentro, adquieren una presencia inédita, son fetiches cargados de energía para la amenaza, el cariño o la noticia que le revoluciona todo, son la resonancia del mundo. El filme le confiere, con interrogante afecto, a estas pequeñas cajas luminosas su merecido valor mágico.

Se adentran en el viaje, conversan, se muestran cosas, comentan. Un diálogo y un recorrido, entre norte y sur, y parecen echar raíces en el inmenso desierto, el que simbólicamente ciñe al país, el mismo que abre la mente al visitante. Unas cámaras poderosas, imágenes audaces y cuidadas, banda sonora impactante: todos los recursos de un país con una industria cinematográfica pujante, confiada en su capacidad de dar sentido a nuestro universo. Un guión aguileño, como bajada por círculos concéntricos al fondo de un volcán, entre espejismos que van desde la superficie, el Occidente engañoso del cual Thierry surge inesperadamente, hasta el misterioso magma que es lo real, oculto en los subsuelos de Teherán. Lo real verídico, lo vamos descubriendo por etapas: primero, la mentira escenificada de manera constante por el sistema USraelí, la mentira como sistema, revelada a partir de un caso, el de los atentados del 11 de septiembre 2001.

Una primera mentira sobre los atentados del 11 de septiembre la ofrecieron la BBC inglesa y CNN de Estados Unidos, anunciando con 12 minutos de antelación el derrumbe de la Torre número 7, por la tarde. Recordemos que se trata de un derrumbe para el cual no se ha ofrecido oficialmente la menor explicación, ni se ha pretendido que la percutiese ningún avión. Algo que reveló Thierry Meyssan, junto con otros investigadores , es que esta torre (apodada "torre de los Salomon Brothers") albergaba distintos servicios de inteligencia, entre los cuales la principal base de la CIA (aparte de Langley) y era la sede del Cuartel General de visis de la ciudad de Nueva York, así como las oficinas del dueño del World Trade Center.

Así pues, un fallo en el montaje del decorado anunció al mundo que todo lo que se vendría después tenía una enorme carga de montaje y falsificación. Sin querer, el diablo, al mentir, hace saltar la verdad. En Francia, cualquiera pierde su trabajo por declarar que confía en la seriedad de las investigaciones que hicieron famoso a Thierry Meyssan, a partir del mismo 11 de septiembre. Cuando Le Monde, referencia del periodismo serio, menciona sus esfuerzos, es solamente para tergiversarlos, aludiendo a "aquél que niega los atentados" o "el que los atribuye a la CIA", es decir un insano, y/o un conspiracionista delirante. Con esto también, el periodismo sometido al dictamen USraelí se revela como tal, revela la realidad de la conspiración de los grandes medios para ahogar nuestra capacidad de análisis. Como se dice en francés, "el diablo lleva piedra": se reconoce la presencia satánica en el hecho de que miente descaradamente, negando la evidencia, y con vistas a anegar lo real, pero sin querer, el diablo asoma la cola, se traiciona, y podemos sacarle provecho para la verdad.

Con suma inteligencia, el realizador pone en marcha la lógica del espejismo a todos niveles, levanta paso a paso el edificio espiritual para el cual el diablo ofrece siempre alguna piedra, que basta con poner al derecho, para que cumpla su función y encaje. Este persa parece un heredero de Calderón de la Barca y de lo más importante del pensamiento ibérico: desentraña una vez más el gran teatro del mundo mundanal, y nos hace compartir el vértigo ante el sentido trágico de la vida. Como bien lo dice Thierry, que está desarrollando, en sus artículos más recientes, un gran talento para la ironía, y para dar a vibrar las reminiscencias literarias clásicas: no es verdad que unos aviones hayan derribado las torres, ¡pero sí es verdad que se desplomaron en 9 segundos, y sí es verdad que mataron a unas 3000 personas! Crimen, proeza tecnológica, genial atrevimiento en la fabricación de imágenes de una cuasi perfección cegadora, y mentira de tal pujanza que pulveriza nuestras capacidades espirituales, van juntos.

Mohammedreza Eslamloo ha trabajado mucho en USA, conoce bien la capacidad criminal de dicho imperio, ha filmado de cerca testimonios sobre la guerra de Viet Nam, sobre las masacres en Palestina y otros temas bélicos dolorosos para su país(1). Este nuevo filme descansa sobre una común voluntad a los dos protagonistas y guionistas de servir un proyecto de catarsis, depuración mental, inversión del terror. En Teherán, nos muestran el palacio del Sha y los pasados dueños de Irán, que pretenden ser los presentes amos del mundo, contrastando con la pobreza de la vivienda del imán Jomeiny, entre altos árboles esbeltos. Con grandísimo respeto, la cámara no entra a esta casa, que hoy en día se visita como museo. Con quedarse en el umbral es suficiente, la actitud de humildad abre las puertas del entendimiento. El morador fue de los primeros en descubrir el gran enemigo oculto detrás de los Estados Unidos oficiales: el sionismo. Esta clave fue palanca que levantó al pueblo iraní a la altura de su liberación nacional, y del sobrehumano proyecto de restaurar la justicia, no sólo en Irán, sino mucho más allá, porque la luz no es algo que se pueda detener.

Visitamos también el antro oscuro de la CIA, que estaba oculto en los sótanos de la embajada yanki, y cuyos archivos y tesoros recuperó la juventud asaltante del lugar el 4 de noviembre de 1979. El fervor en torno al maestro Jomeiny movía al pueblo, y a su valiente presidente Ajamdineyad , y a todos ellos los sigue exaltando la referencia de gran parte del planeta, que es el islam. Vemos de lejos el fervor religioso femenino, en el cementerio de los mártires de la guerra contra Irak, y en la mezquita verde como un jardín, cuyo interior está tapizado de espejos, que la gente viene, con total espontaneidad, a tocar con sus manos, para que la ilumine en otras dimensiones.

A fuerza de reflejar, los espejos reflejan el sol, y el motor del mundo. Así es cómo llegamos a la lección con la que finaliza "Black Box": detrás de las agresiones israelíes y el plan de destrucción del Medio Oriente hasta descuartizarlo en fragmentos impotentes, hay una mitología apocalíptica que comparte y propaga el sionismo cristiano, más allá del grupo en definitiva ínfimo de los sionistas judíos. El sionismo cristiano es la ideología reconocida por las clases dominantes yankis. Thierry Meyssan y Eslamloo insisten en desviar el rechazo antijudío universal hacia esa nebulosa que aspira a controlar al Vaticano o a sustituirlo, a derrocar la universal y cálida atracción de las hermosas figuras de Cristo asociado con su madre, pura ternura y salvación, lo opuesto al sentido apocalíptico de la historia. Aun cuando las investigaciones sobre el complot del 11 de septiembre señalan con precisión y amplitud crecientes la participación israelí en los atentados y la falsificación de los datos sobre los mismos, tanto el pensador francés como el iraní se niegan a simplificar con la letanía rutinaria de los "Protocolos de Sión", aquello de "los judíos, dueños del mundo etc". Y hacen bien, pues hay una comunidad judía y antisionista que vive en paz en Irán, como las hay en el mundo entero; son comunidades a veces invisibles, discretas, diluidas entre otras minorías, opacadas por las escandalosas y sionistas instituciones de control interno en el universo tradicional judío, pero a cada generación salen a la palestra, encarnadas en los certeros flechazos de algunos intelectuales estelares, baluarte de resistencia al despotismo, sea judío o sea copia con ropajes variados.

A la vez que nombra al sionismo cristiano y lo acusa, toma la palabra Eslamloo, para explicar la otra mitología, la alternativa y redentora, la que puede vencer al mortífero sionismo cristiano, la que es fundadora de la rama chiíta en el islam, la fe en el retorno del Mahdi, la que mueve a toda una región del mundo para obrar por la justicia en la tierra. La cámara asciende, y desde alturas astronáuticas nos muestra el mapa de los lugares sagrados del islam chiíta, puntos que necesitan destruir los complotistas maléficos del Apocalipsis. Sorprendió al público francés lo que percibe como un giro ideológico molesto. Aquí conviene explicar que el realizador concibió su filme para el público iraní, no para convertir por fuerza a los agnósticos mayoritarios entre los intelectuales franceses, los primeros en tener acceso a "Black Box", en estos días. Estos experimentan rechazo a lo que interpretan como "propaganda de ayatolas". Hay que ponerse en el lugar del pueblo iraní indignado por las mentiras y las agresiones occidentales. Hay que recordar que Kissinger confesó haber estimulado a la guerra entre Irak e irán con un objetivo simple: desangrar a los dos pueblos (la misma lógica que en Nicaragua o El Salvador, casos extremos en América Latina, en que devastar demográficamente mediante la guerra civil fue, en sí, un objetivo del imperio, para abrirse espacio en países agotados). Hay que entender que la población iraní, con sus millones de mártires en la guerra contra la agresión iraquí, entonces bastión avanzado de Occidente, nos ve a nosotros como simples y mecánicos herederos de los cruzados medievales invasores.

Y en esta óptica, hay que reconocer el esfuerzo de Eslamloo para hacer entender a sus conciudadanos que entre los que llaman ellos cristianos también existe la esperanza y la voluntad de mejorar el mundo, en términos de fe en el retorno del Mesías. Nos muestra a Thierry Meyssan conmovido, compasivo, ante la pantalla de su notebook que lo alumbra con imágenes de los mártires iraníes: ¡él es el héroe anunciador del retorno del Mesías - Mahdi de justicia y felicidad!, nos dice la cámara silente. ¡Inch Allah! ¡Ojalá, como decimos en español desde que los andaluces aclimataron el dicho en buen cristiano!

Llegados a este punto, parecería que el espejo se le escapa al culto y visionario persa, y lo quiere traicionar; los occidentales que conocen la obra de Thierry Meyssan por internet no son los cristianos que se imaginan los musulmanes, sino unos descreídos, mentes agudizadas en el ejercicio del sentido crítico, que han empezado por desconfiar de su clero histórico, desde los tiempos de Erasmo, y ahora están abocados al vacío espiritual. Durante varios siglos, nos hemos sentido alentados a desconfiar de toda autoridad, incluso moral, e incluyendo los dogmas de la teología constitutiva de nuestro horizonte espiritual, y le hemos ido restando poder a las autoridades católicas que los actualizan, y justificamos nuestra rencorosa pereza por el espíritu científico. Y esto se ha convertido en un escudo defensivo, que pretendemos arrojarles a la cabeza a los musulmanes, porque confusamente sentimos en todos ellos una amenaza a nuestro estado de ánimo cenagoso.

En el islam, jamás se ha contrapuesto el espíritu científico al profetismo de los poetas, ni la filosofía más racionalista a la teología intuitiva. Nosotros podemos reencontrar la unidad perdida, como aquél Tomás, que no creyó en la resurrección de Cristo hasta que no le puso el dedo en la llaga, pero después sí se convirtió en santo y apóstol. Es un cuento milagrero, dicen los enemigos de Cristo. Pero también es una magnífica metáfora, surgida del folclore palestino, de cómo por el escepticismo desconfiado, unido al método experimental (cualidades imprescindibles para la criminalística) , se puede llegar a la fe y a la libertad.

El contenido, el mensaje y el valor del film "Black Box" radica en el encuentro del cine iraní y de lo mejor del pensamiento crítico europeo. La mentira sobre el 11 de septiembre es un talón de Aquiles del sionismo, porque focaliza la curiosidad, la indignación y la capacidad de enlaces racionales de los ciudadanos del mundo entero, más allá de las diferencias culturales, religiosas, o de los intereses de clase.

Irán es el país que más frontalmente ataca el sionismo. Con este film se demuestra, como dice el artista francés Dieudonné, que Irán tiene la bomba, la bomba espiritual, la que alivia a todos cuando estalla, y potencializa nuestras fuerzas con su resplandor.

Queda mucho por descubrir de las conspiraciones sionistas. Pero la grieta está abierta, y nuestro terror metafísico, tan alentado a su vez por el satánico sionismo, también se está agrietando, felizmente, gracias a "Black Box", que le valió a Thierry Meyssan, en Teherán, el premio por los derechos humanos, y que le valdrá a todo el equipo, algún día aquí, en París, el premio por los derechos divinos.

§ (1) Ver la nota de Wikipedia; además de largo metrajes, tiene los siguientes documentales, de títulos evocadores: "Los límites de la historia", "Abadan, la ciudad que sufrió", "De Keibar a Karbala", "Palestina hoy, pedazos de madera seca".
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